martes, 16 de abril de 2013

ESTADÍSTICA DE DESCARTE




Supongo que es una suerte tener un huerto. Incluso para mí. A veces echo de menos el hogar, el olor a tierra mojada, la temporada de almendros en flor, incluso las comidas de la abuela. Venirme a “la city” como lo llama mi hermana cuando se refiere a “salir del nido, porque el pueblo te ahoga” fue una decisión sencilla que había tomado incluso antes de plantearme mi futuro. Con 13 años ya sabía que no viviría allí más de los estrictamente necesarios, y en el último año de Bachillerato contaba los días y casi las horas para cambiar de aires. Barajar las distintas carreras fue más difícil que conocer mi destino. Quería Madrid, la capital, maximizar opciones, oportunidades, todo podría pasar allí y yo estaba dispuesta a no perder detalle. Pero dejemos esa parte, porque es tan típica, como las torrijas de Semana Santa, sólo os diré: horas y horas en autobuses sin baño por las idas y venidas, el piso más pequeño que yo jamás había visto, y dos compañeras que pronto fueron grandes amigas, quizás no por elección propia pero si por la cercanía obligada en la que conviviríamos esperábamos que 4 años.

Volvamos al huerto. Sí queridos estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, existe un huerto, ahí, en vuestro campus, a escasos 50 metros. Al principio, también era el huerto más cutre que yo había visto, lo digo sin maldad, pero es el más escaso que había pisado, después de abandonar mi casa. Ubiquémonos, el ser rural te da derecho a ser tan crítica con los huertos como quieras, ¿por qué? Porque has nacido, crecido y con mucha probabilidad morirás cerca de uno. Un huerto de verdad, bien cuidado, con multitud de verduras, flores, hortalizas, plantas, arbustos, hierbas buenas y malas (sabrás distinguirlas) y bichos, no hay un verdadero huerto sin sus correspondientes bichos.

Si no lo conocíais no pasa nada, yo tarde 3 fiestas en la facultad y una inmensa cola en todos los baños, cuando decidí salir a explorar el paisaje. Y después, fue como mi retiro, mi pequeño espacio de tranquilidad dentro de la inmensa ciudad. Sentarme a leer, o simplemente escuchar música allí plantada ya me relajaba. Aunque sin duda alguna ese espacio que era sólo mío, porque sólo yo podía comprender su indescriptible belleza fallida, terminó siendo compartido. Allí le conocí.

Era tan joven, que pasaría por cualquiera de mis compañeros de clase. Hasta ese día, yo no había asistido con él a ninguna. “El turno de tarde pensé” dándome cuenta de que me estaba perdiendo alguna maravilla por no tener el horario de la mayoría. Vaqueros desgastados y una camiseta blanca, y el huerto dejó de ser me familiar. Asombrosamente guapo y con unos brazos musculosos, había terminado lo que fuese que estuviera haciendo y se sacudía el polvo de la ropa. Lo desnudé con la mirada y casi me mareo.

Las plantas dejaron de serme conocidas, confundí verduras con hortalizas y me puse a regar un olivo. Pronto se dio cuenta, siendo un huerto tan pequeño una patosa novata podía causar verdaderos estragos, se ofreció a ayudarme, por no decirme “vuelve a los libros y deja la granja”, así que salí corriendo. Literal. Si me lo cuentan no me lo creo. 

Olvidé mi carpeta, el ebook, y los cascos, y no me di cuenta hasta la parada de autobús. Seamos prácticos, lo había olvidado todo, y mientras me decía esto para armarme de valor y volver a por mis cosas, ahí estaba él, en la misma parada, había dejado de sacudirse la ropa y sujetaba mis cosas. Supongo que el rojo resultaba un color apagado comparado con mis mejillas, tuvo la delicadeza de dejarme mi espacio (y mi tiempo), deje dos A y un H, y pensé que cogería el I, pero también el I pasó y ahí seguía él, sentado en el extremo opuesto del banco, con mis cosas descansando en sus piernas. Y que piernas.

Cuando articule palabra, por miedo a que pensase que era muda, simplemente, sonrió. Y de repente las palabras salieron de mi boca como si me abrasasen, me puse a hablar como si fuera un viejo conocido que te pone al día de su vida, empezando por las preguntas más básicas: quién era, que quería, y desde cuándo visitaba mi huerto. Lo sé, ni el huerto era mío, ni parecía que quisiera algo, pero sí que me interesaba saber quién era, así que lo demás lo improvisaba. Su nombre era Hugo. Me avisó de que el huerto era bastante transitado, que participaban muchas personas, y pero que comprendía que me sorprendiera, a él también le gustaba ir allí solo.

El trayecto a Moncloa fue el más corto de la historia, yo me callé, si antes no había querido parecer muda ahora no quería parecer idiota. Nuestros silencios echaron un pulso. Y perdió, “ojalá vuelva a verte” me devolvió mis cosas y salió del autobús. 

No lo volví a ver hasta 17 días más tarde, cuando las puertas del ascensor se cerraban y alguien gritó para que esperase. No puse mi mejor cara, pero bueno, ahí iba la buena obra del día. Cuando lo vi esta vez, si reaccione, me preguntó a donde iba, y conteste que al departamento de estadística, pero que no sabía dónde estaba. Su cara no cambió, me dijo que lo siguiera y pensé que él también estaba injustamente suspenso y pensaba reclamar. La sorpresa llegó cuando fue él quien saco las llaves y las introdujo en la cerradura. Esta vez mi cara sí que le hizo gracia, me invitó a pasar y a sentarme. 

Pase de la sorpresa a la vergüenza en segundos, y de ahí a sentir un calor ilógico. ¿Qué me hacia ese hombre al que casi no conocía? ¿Por qué no me había dicho que era el becario de estadística? ¿Y peor aún por qué me ponía de repente tan nerviosa? Quizás no había sido “de repente”, pero si con esa magnitud. Ni siquiera habíamos hablado lo suficiente, y pensándolo bien, me había suspendido. Sin embargo empezó rozando mi rodilla, al principio sin querer, y a mí se me olvidaron todas estas preguntas, y me centré en mirar la hoja de mi examen. A los dos segundos colocó su mano a mi lado, mientras me explicaba mis fallos en el examen, y decía con una sonrisa “son fallos tontos, pero he tenido que descontarte”. 

A la vez que dijo esta frase volvió a mover su mano y la dejo caer sobre mi pierna. Calló, pero su mirada lo decía todo, cogí su otra mano, soltó el boli y la puse sobre mis pechos, y ahí comenzó la verdadera práctica.
Nos movimos al sillón pero no por comodidad, sino por seguridad, él se levantó para poner el pestillo y yo lo seguí sin poder separarme de su cuerpo. Su lengua me volvió loca, no paraba de dejar su rastro por mi cuello, cuando empezó a subirme la falda mientras su mano sujetaba mi cuello, me puse a horcajadas encima suya y le quite la camiseta, su cuerpo me deseaba tanto como yo a él. Tiraba de mis pezones con su boca, los chupaba, los besaba y los mordía hasta casi hacerme gritar de placer. Su mano, entre mis piernas, sacaba y metía uno de sus dedos, mientras que yo desabrochaba sus pantalones. Estaba tan extasiada, que no me importaba nada más que su erección entre mis muslos, sin todavía tocarla.

Cuando fui en su busca su miembro salía caliente y húmedo, estaba esperándome exactamente como yo me encontraba, y por fin, me bajó las bragas sin dejar de mirarme. Me penetró despacio la primera vez, y a partir de ahí nos volvimos uno, sus embestidas cada vez eran más fuertes, nos movíamos a la vez y me deje llevar. Este hombre me había proporcionado uno de los mejores orgasmos de mi corta vida. Paró, y me dio a entender que bajase a terminar la tarea. Viéndome ahí, y recordando mi 4.8 en el examen, decidí ir a recuperación. Son fallos tontos le dije, pero he tenido que descontarte.

Sandra Pérez Crespo

32 comentarios:

Sandra Pérez dijo...

Me voto a mi misma, para que engañaros. Me gusta mi relato.

Patricia García Vega dijo...

Creo que este es el mejor relato, erotismo bien reflejado.

Iván dijo...

Cuenta con mi espada (voto)

Costán Sequeiros dijo...

Yo voto por este, la verdad es que me parece la mejor historia de todas (bueno, quitando el mío, pero a diferencia de Sandra no me auto-voto xD), la más humana y sin giros innecesarios y forzados.

Eva dijo...

Voto por este!

Ashfor dijo...

Un voto por mi parte para este estupendo relato

Javier Aarón Rubio dijo...

Mi voto va para esta maravillosa obra (¿donde esta mi soborno?)

Nicolas dijo...

Buen relato si seño, mi voto para la moza

Borja Frías dijo...

Desde luego es el mejor! mi voto para este.

Chaos Girl dijo...

Ya justifiqué por qué me gustaba este en la asociación. Así que aquí está mi voto.

Mago dijo...

EL MEJOR RELATO DE TODOS LOS TIEMPOS!!!

Alejandro dijo...

Que sea una fantasía erótica tan real lo hace el mejor, cuenta con mi voto.

Scouter dijo...

Como Scout que soy, la metáfora ecologista y el no sometimiento a las exigencias del profesor, hacen que me vea obligado a proporcionarte mi voto.

Siempre Listos.

Troll dijo...

Trollear de esa manera a un profesor es genial, un ejemplo más de porqué hay que acabar con el heteropatriarcado. Tienes mi voto.


La revolución será feminista o no será

Rover dijo...

Después de un duro debate en el Clan, hemos considerado que el tuyo es el que mejor refleja el erotismo de una manera intensa y sin llegar a ser pornaco. La frase "sacaba y metía uno de sus dedos" ha puesto cachondxs a más de unx aquí. Tienes nuestro voto.


Con alas de luz.

Chica Soñadora dijo...

¡Me encanta la última frase! Creo que es la manera perfecta de cerrar un relato y es (junto con el ganador)quizá el que mejor describe el tema del erotismo y la facultad. Eso sí, te recomiendo que la próxima vez lo releas, hay fallitos tontos que estropean el relato. Mi voto también para ti

Miguel Romero dijo...

Me ha encantado! Cuenta con mi arco

Lucía Prieto dijo...

Óle! Yo voto por ti. "Que me perdonen las fans..." :)

Amparo Córcoles dijo...

Un voto como como tu de grande, muñeca!!!

Prado Martínez dijo...

Voto por este maravilloso relato! ;)

Stalymiss dijo...

Me encanta :-) jamás pensé que alguien de estadistica pudiese transmitir esa pasión jajaja (voto)

El Empecinado. dijo...

Quien no ha fantaseado algna vez con un profesor o profesora, me encanta!!

virginia fuentes dijo...

Voto por estee!! Increible!!

Logan dijo...

Voto! Me encanta

Javier Perez dijo...

Te sacó del huerto para llevarte al huerto de cabeza! Me ha encantado, y cuenta con mi hacha!

Sheila dijo...

¡¡¡Tienes que releer mucho la próxima vez!!! Pero considero que eres el que mejor se ajusta al tema y redondea el relato. Enhorabuena ^^

El Serjo (Sergio Hernández) dijo...

Me ha gustado mucho. Tienes mi voto.

OSI dijo...

Voto por este relato.

LAT dijo...

Soberbia historia. Aquí le dejo mi voto.

Romanones dijo...

Magnífico!! Genial! Lo del huerto me ha parecido fantástico.

Undertaker dijo...

Buen relato. Le voto.

whianem dijo...

Me he reído mucho con el final, ¡voto!